El sueño del aventurero

Cuando los holandeses se asentaron en Isla Mauricio en 1598 pensaron que habían encontrado el Jardín del Edén. Puede ser discutible que una isla que se formó tras un infierno volcánico responda a la imagen de un paraíso bíblico, pero sí lo hace a la de un paraíso vacacional.

Tradicional destino de luna de miel por sus arenas blancas, azules aguas y lujosos resorts, Isla Mauricio dispone de una oferta de turismo activo que hace que satisfaga tanto a un buscador de emociones como a un cazador de sol.

En el limitado espacio de 65 kilómetros de norte a sur y 45 de este a oeste se congrega tal variedad de paisajes, climas, orografía, flora y fauna que hacen de Isla Mauricio un destino privilegiado. Tanto que ni siquiera hay animales peligrosos; las especies de serpientes que se pueden encontrar allí no son venenosas y la barrera de coral alrededor de la isla impide el paso a tiburones y medusas a las siempre cálidas aguas que bañan las prístinas playas de Trou aux Biches, La Cuvette, Mont Choisy, Péreybère, Grand Bay o Flic-en-Flac.

Té con ron

Las plantaciones de caña de azúcar se extienden por toda la isla mientras que en las montañas del interior crece el té que, junto con el ron de caña, se exporta a todo el mundo. La elegancia de la arquitectura colonial decimonónica de las plantaciones de St. Aubin, rodeada de flores de vainilla, y de Domaine des Aubineaux, así como del Château de Labourdonnais, con su destilería de ron, y las vistas sobre los campos de té alrededor de una laguna del restaurante de la fábrica de té de Bois Cheri, son el entorno idílico de unas visitas que permiten conocer mejor cómo se elaboran estos productos.

Cambiamos las chanclas de playa por las botas de montaña para sacar el máximo partido a todo lo que Mauricio puede ofrecer. No se puede permanecer simplemente sentado admirando la belleza de las cataratas de Chamarel o de Gran Bassin cuando podemos hacer barranquismo en el Parque nacional Black River Gorges. La ruta senderista Maccabee, nombre también de un famoso mirador, lleva hasta la cima más alta de la isla, a 830 metros de altura sobre el paisaje de bosque, barrancos y cataratas que es el parque. Pero no es la única cumbre que coronar en Mauricio, bien a pie, a caballo, en quad o en 4×4. El pasado pirata de la isla, frente a las costas de Madagascar, se vislumbra en nombres de picos como El Guardaespaldas o las Tres Tetas.

La senda Moka, que asciende desde el pueblo de La Laura hasta la cumbre de Le Pouce, ofrece fabulosas vistas de Port Louis, la capital. Aunque hay que bajar para disfrutar del ambiente, las compras y la comida de su bullicioso mercado y la zona del puerto. Para conocer el colorido templo hindú de Ganga Talao y su estatua de Shiva de 33 metros de altura, que se esconde en el lago formado en el cráter de un volcán, hay que seguir la ruta de los peregrinos de Grand Bassin. Otra de las rutas de montaña que merece la pena es la que asciende a la cumbre de Le Morne Brabant, una roca basáltica de más de 500 metros situada en una península al suroeste de la isla.

Desde la cima se vislumbran parte de los 330 kilómetros de playas de arena que rodean la isla. Los aventureros que buscan la emoción en el mar disponen en el área de Grand Baie, por ejemplo, de numerosas oportunidades para disfrutar de ‘parasailing’ o ‘kitesurf’ . Bajo las aguas de las ricas en vida submarina lagunas que forma la barrera de coral la emoción se encuentra a bordo de submarinos, ‘scooters’ sumergibles para una o dos personas y paseos por el fondo del mar con escafandra.

Mientras que la búsqueda del dodo, el desaparecido pájaro no volador autóctono, sería infructuosa, ver delfines o ballenas no es el unicornio de todo viaje a Mauricio. Numerosos barcos parten desde la bahía de Tamarin o de Le Morne para nadar con los delfines. También es posible practicar pesca en altura en barcos equipados para ello, e intentar atrapar un atún, un marlín o un tiburón. Las opciones más tranquilas para navegar son las excursiones en lancha rápida, ferry o catamarán a las islas Des Deux Cocos, Aux Cerfs o Aux Aigrettes, en el Parque Nacional Submarino de Blue Bay, al este de la isla. El dodo puede haber desaparecido pero aun no está extinto el placer de explorar Mauricio.

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